EL MITO DE SIMON BOLIVAR COMO PADRE DE LA PATRIA

 

En los últimos tiempos han aparecido en la palestra política una serie de personajes que hablan de movimientos bolivarianos parodiando a similares movimientos en otros contextos de este continente, particularmente en Venezuela y Colombia. Pero, ¿qué significa Simón Bolívar para los pueblos indígenas, particularmente para los Aymaras del antiguo Tawantinsuyu-Qollasuyu?

¿Será qué Bolívar dedicó su vida para liberar a los indios del yugo colonial? ¿Merecía nuestro sagrado Qollasuyu haber cambiado su nombre por el de Bolívar, que posteriormente devino en Bolivia? ¿Qué importancia tiene para los Aymaras recuperar el nombre milenario del Qollasuyu? Sobre estos aspectos discurriremos en las siguientes lineas.

Simón Bolívar, nacido el 24 de julio de 1783, perteneció a una clase aristocrática conocida en Venezuela como los «mantuanos». Su mismo nombre habla de ese origen de casta que en forma completa es Simón José Antonio de la Santísima Trinidad de Bolívar y Palacios, más conocido por nosotros como Simón Bolívar. De niño, señala uno de sus biógrafos, acostumbraba divertirse matando negritos con su cortaplumas, no recibiendo ninguna reprimenda de parte de la madre quien más bien le daba gusto en ello y más aún cuando al niño Simón se le acababa los negritos era la propia madre quien ordenaba a que vayan a traer más de ellos a la hacienda para que el niño Simón deje de llorar.

A sus 23 años se recibe de Francomason y lucha denodadamente por los intereses de la casta aristocrática al cual el perteneció. Tal vez por esa pertenencia a la francomasonería entregó al General Francisco de Miranda, quien antes había participado en la guerra de la Independencia norteamericana y en los 90 del siglo XVIII también fue participe en París de la revolución obteniendo el grado de Mariscal de campo. Será el propio Simón Bolívar, quien conspirará contra Francisco de Miranda, entregándolo a las autoridades de España después de la Capitulación de Victoria en 1812. Como es claro, Simón Bolívar, a principios de la segunda década del siglo XIX, ni siquiera apoyó la causa criolla de separarse de su madre patria España.

Entre 1810 a 1817 Simón Bolívar defendió militarmente en Venezuela los intereses de su casta aristocrática frente al ejército de llaneros, esclavos, pardos, negros, indígenas y plebe de color a cuya cabeza estaba por entonces José Tomás Boves. Los negros, pardos, indígenas llamaban a Boves «Taita» por su liderazgo lo que provocó que los militares republicanos venezolanos incendien su almacén que era administrado por un viejo indio. La lucha de Tomás Boves fue implacable contra los blancos explotadores y opresores, cuyas tierras y bienes eran distribuidas entre los llaneros, pardos e indígenas al grito de «¡la tierra de los blancos para los pardos!». Bolívar tuvo que huir en 1817 a Jamaica y Haití para no sucumbir ante el ejército de desarrapados dirigidos por Tomás Boves.

Bolívar retorna en 1818, por entonces ya tenía una admiración por Napoleón Bonaparte, sentimiento que no se borró hasta el final de su vida; además estaba de acuerdo con un régimen de gobierno «monocrático» donde lógicamente el monócrata sería él. Dicho con otras palabras, Simón Bolívar quería constituirse en el segundo Bonaparte de Sur América, a tal punto que, a su retorno en 1818 cuando entra en Caracas pretendía que le proclamen Rey: Simón 1, Rey de las Américas. y si tal posibilidad era imposible de lograda, entonces intentó por lo menos ser presidente vitalicio, es decir un Rey sin corona pero con más poderes que el Rey de Inglaterra país al cual admiraba por tener un modelo perfecto para un Reino sea este democrático o aristocrático. Tan profundo era su admiración por Inglaterra que a fines de la década 20 del siglo XIX, cuando ya habían surgido las repúblicas, presentó a sus ministros un proyecto para colocar a América bajo la protección de Inglaterra, siendo esta actitud una prueba más de su intención de reconstituir el imperio español.

Pero si ese era su sentimiento real, sin embargo en la apariencia decía luchar contra la monarquía, y para evitar llamar a la forma de gobierno por su verdadero nombre (monarquía) Bolívar acuñó, como hemos visto arriba, los términos de monocracia, y monócrata para su regidor, intentando de esta manera diferenciarse del tradicional y patriarcal Rey de España. Lógicamente en su modelo monocrático los indios no tendrían ninguna participación.

También era aparente la crítica que Bolívar hacía a Napoleón Bonaparte llamándolo tirano, déspota y reprobando sus medidas políticas, puesto que esto lo hacía para evitar que le identifiquen con el «tirano y déspota» francés. En realidad Bolívar tenía un gran aprecio por Napoleón llamándolo «grande hombre» y «primer capitán» del mundo y como él quería crear una nobleza, un Estado militar y hacerse emperador, rey y dominar América del sur.

En 1818 Bolívar, fiel a su pensamiento colonialista, recordó con alabanza al primer invasor de este continente, el marino Cristóbal Colón considerándolo gran hombre, bienhechor de la humanidad y en honor a él, la nueva república, la «gran patria» que intentaba construir y del cual hablan mucho los intelectuales q’aras, debía llamarse Colombia y su capital sería Las Casas. Para los Aymaras y demás pueblos indígenas de Abya-yala, esta posición es una afrenta a nuestra dignidad puesto que Colón para nosotros es el símbolo del hambre, la miseria, el indiocidio y ecocidio. Si la admiración de Bolívar era enorme por Colón, por tanto al nombrar el Qollasuyu con el nombre de ‘Bolívar, es decir como bolivianos, indirectamente estamos aceptando el nombre del primer asesino e invasor de nuestro continente: Cristóbal Colón. y esto es muy grave, es como imponerles a los judíos que su Estado lleve el nombre de Adolfo Hitler.

Aquí precisamente está las ‘bases del famoso sueño bolivariano de crear la «gran patria latinoamericana» exaltado hoy día por los intelectuales q’aras de izquierda y derecha y apoyados por algunos indios despistados, puesto que en el fondo esta propuesta «colombiana» de Bolívar (planteado antes por Miranda) que se funda en 1819, erige precisamente a Simón Bolívar como Presidente o monócrata y nombrando vice-presidentes para las partes constituyentes de esa gran unidad, donde los indios no juegan ningún papel trascendente. En realidad el sueño de Bolívar sólo constituía la restauración del dominio colonial con cemento republicano, la restauración de las instituciones políticas sobre el derecho público español, reconociendo los límites de los antiguos virreinatos, capitanías generales y presidencias; además de declarar, como se lo hizo en 1825, vigentes las antiguas leyes españolas en la parte que les favorecía a los criollos; y en esta política liberal y federativa los indios continuarían explotados y oprimidos, tal vez con más saña que antes.

La añoranza de Bolívar por las instituciones del régimen colonial español es patético y con más claridad en 1829 cuando dice que los criollos, habían perdido las garantías individuales por querer lograrlas más perfectas, además añora los tiempos del dominio español cuando poseían bienes positivos y sensibles además del respeto que infundían, distinto a la situación de entonces (1829) que estaban en desgracia. Un año antes, en 1828 había manifestado a Paez que la justicia debía establecerse como en el tiempo de los españoles.

Con el transcurrir de algunos años, muchos indios lúcidos comprendieron en la práctica que el sueño de Bolívar era sólo una pesadilla para los pueblos indígenas, por eso se opusieron a su política expansionista tal cual lo hizo un indio «sagaz» y «bravo» de Pasto, del actual territorio ecuatoriano, de nombre Agualongo quien no escatimó esfuerzos para hacer frente al proyecto de la gran Colombia de Bolívar y mantener la autonomía de su territorio indígena. Por su carisma todos los indígenas de la región le siguieron y junto a ellos logró derrotar al ejército colombiano de Bolívar en Catambuco y El Puntal. Frente a tal situación será el propio Bolívar quien organiza un ejército para enfrentar a Agualongo y previamente lanzó una Proclama a los quiteños donde habla de la infame Pasto que  volvió a levantar su cabeza de sedición y la misma que «será cortada para siempre»; Pasto desaparecerá del catálogo de los pueblos si sus moradores no se rinden ante Colombia: «un puñado de bárbaros son nuestros enemigos». Dicho y hecho, Simón Bolívar y su ejército colombiano o de la «gran patria latinoamericana» el 16 de julio de 1823 masacra a más o menos 800 indígenas de Pasto impidiendo de esa manera que los indios puedan tener sus propios proyectos autodeternllnativos.

Quienes hoy hablan del proyecto de la gran patria latinoamericana a lo Bolívar sólo intentan plasmar ese sueño bolivariano que significó una gran pesadilla para los pueblos indígenas puesto que fue un proyecto criollo de restauración colonial monocrática con barníz liberal y republicano.

El famoso padre de la patria sólo aparece en las tierras del milenario Qollasuyu- Tawantinsuyu en 1823 y al año siguiente lanza los decretos de Trujillo (8 de abril de 1824) que afecta gravemente la posesión territorial de los pueblos indígenas pues según el «Libertador» los indios la poseían precariamente (precario: de poca estabilidad, inseguro) lo que originaba la improductividad de la tierra siendo esto perjudicial a los progresos de la agricultura y la prosperidad del Estado, por tanto dispone su venta. Junto a esta medida, está la venta de las tierras sobrantes del Estado sin considerar que los pueblos indígenas no son pueblos estáticos, por tanto no existen tierras sobrantes, ya que las consideradas así pertenecen a los pueblos indígenas que los ocupan según los distintos tiempos y en distintos lugares. Un año más tarde el «padre de la patria» descabeza a las autoridades indias puesto que con el Decreto de Cusca del 4 de julio de 1825 extingue el título y la autoridad de los caciques que en realidad eran las autoridades originarias legítimas. Por tanto ¿qué valor tiene para los indígenas llamarse bolivianos cuando en los hechos fue Bolívar el primero que en los tiempos de la república intentó arrebatar de sus tierras a los indios y descabezar a sus autoridades? Como  corolario a su política Bolívar dispone otorgarles premios y recompensas a los oficiales colombianos consistiendo los mismos en tierras pertenecientes a los Chiriwanos.

Por último, Simón Bolívar se encargó de elaborar la primera Constitución Política del Estado boliviano donde quiere hacer realidad su sueño de ser un monócrata, es decir un Rey sin corona, pues no otra cosa significa que decida que la presidencia sea vitalicia y con él como presidente. Su posición política anti india se expresa claramente en su Constitución puesto que en el mismo atribuye los derechos de ciudadanía sólo a quienes supieran leer y escribir en lengua castellana, tener un empleo o industria, profesar alguna ciencia o arte, no estar en condición de sirviente, dejando de lado así a todos los pueblos indígenas considerados como no ciudadanos bolivianos.

 

Posiblemente su pensamiento se pueda resumir en sus palabras que decían: «No somos Europeos, no somos Indios, sino una especie media entre. los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento y europeos por derecho, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenemos en el país que nos vio nacer, contra la oposición de los invasores … Estábamos colocados en un grado inferior al de la servidumbre, porque no solamente se nos había robado la libertad, sino también la tiranía activa y doméstica». Aquí Bolívar expresa lo que es, un criollo, que no es europeo ni indio, pues es americano por haber nacido aquí y español por ser de allá, por tanto con derecho de quitarle a los indios su territorio y de oponerse a sus padres españoles; cuando como criollos no tenían el derecho político, estaban colocados en un grado inferior al de la servidumbre pues no podían ejercer sobre los indios la tiranía activa y doméstica. ¿Es Bolívar realmente un padre para los indios del Qollasuyu o simplemente un mito que reproduce la casta dominante para hacer perder nuestra memoria y no pensemos más en restaurar nuestro Qollasuyu?

                                                             Publicado en la revista La voz del Cóndor – 2004

                             

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